El banquete de los siete enanitos

¡Proclamo a Sabio como el puto amo de los fogones de todo el jodido reino de Colorín Colorado! — levantó su copa, puesto en pie, Feliz, animando al resto de enanitos a hacer lo mismo —. Es el mejor costillar al horno que he comido en toda mi hedonista vida.

Y los demás, todos a una, lo secundaron complacidos, en medio de una algarabía de sillas moviéndose, tenedores cayendo sobre los platos vacíos y tintineo de cristales beodos.

Gracias, gracias, muchachos — apaciguó los ánimos el aludido —. Ciertamente ésta de los pucheros es una de mis innumerables habilidades, no cabe duda. Pero como todos sabéis no la más atractiva, ni enriquecedora.

¡Fantasma! — protestó Gruñón, aporreando la mesa —. A mí me gustaron mucho más los jarretes al calvados, que hiciste el domingo pasado. ¡Gloria bendita!

Para gustos colores — concedió, casi en un susurro y ruborizado hasta las cejas, Tímido —, pero el solomillo wellington le salió insuperable. Vamos es lo que pienso. Disculpad.

¿Y qué me decís de los muslitos a la cazadora? — intervino Mocoso, entre estornudo y estornudo —. Una barra de pan me zampé yo con la salsa.

Todo estaba riquísimo — apuntó Tontín —, el hígado encebollado, las lechecillas al ajillo, los riñones al Pedro Ximénez. ¿Qué será lo próximo, maestro?

Poca cosa queda en la nevera — respondió Sabio, mientras ponía sobre la mesa la botella de pacharán —, casi nada, como mucho para hacer un caldito, rico, eso sí.

Pues habrá que salir a cazar otra pieza — razonó Gruñón —, a ver si tenemos suerte y pillamos una como ésta.

Desde luego, ha sido la mejor en mucho tiempo — murmuró Tímido, después de meterle un tiento, pequeñín, a su copita de licor.

¿Y cómo dices que se llamaba la criatura? — preguntó Tontín, a la vez que se escarbaba los dientes con un palillo.

Blancanieves, me parece — dijo Sabio —, y no, no creo que tengamos la potra de volver a encontrar algo parecido en mucho tiempo.

En fin, ¡qué le vamos a hacer! — concedió Dormilón desperezándose — ¿Qué tal una siestecita? Me pido debajo del pino, junto a la fuente, que hace una tarde de cuento de hadas.

Y colorín, colorado, etc, etc.

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