El poder de la música

Lunes, 12 de abril de 2021 – ¿Quién dijo que la vida es un asco?
 
Hoy ha sido el día perfecto. El sol, radiante, nos ha acompañado durante toda la jornada. Ya se nota que es primavera.
Me han dado el proyecto de “La Licorera Moncaína”; según el jefe soy el más cualificado para llevarlo adelante. Desde lo de la campaña de “Chocolates Palolú” está conmigo que no caga.
He quedado a comer con Luisa. Cada día la veo más guapa. Estoy enamorado hasta las trancas.
Hemos ido a “La Barraca”: unas navajas a la plancha como aperitivo, arroz a banda, de sobresaliente alto, y una créme brûlée portentosa de postre; todo ello regado con abundante gewürztraminer del Somontano. No tengo palabras.
A última hora de la tarde había quedado con Alfredo para hacer un poco de pádel, pero lo hemos cambiado por unos güisquis en “La Recoleta”. El día perfecto.
Solo una pega: se me ha metido en la cabeza una cancioncilla, de esas que no puedes sacarte de encima. “Tiiiii, tarí tari tarí, tarararí tii tii tiiiiiii”. Es una pieza de música clásica muy escuchada, pero desconozco el título y la tengo ahí, dale que dale. La verdad que está resultando un poco cargante la cosa.
 
Martes 13 de abril de 2021 – Vivir con banda sonora es una mierda.
 
Me he despertado con la jodida musiquita dándome el coñazo y no consigo quitármela de encima. Mientras me duchaba he puesto boleros en el Spotify del móvil, para ver si se me pasaba la tontuna, pero ni por esas, y lo peor es que, como a mí la música clásica me la trae floja, no tengo ni pajolera idea de qué pieza se trata. Me estoy empezando a poner nervioso.
Lo de “La Licorera Moncaína” no ha avanzado nada hoy. Ando como distraído ausente: “tiiiii, tarí tari tarí, tarararí tii tii tiiiiiii”, con el soniquete de la canción de los cojones colapsándome el cerebro.
Como voy atrasado con el trabajo no he ido a comer; solo llevo en el cuerpo un paquete de patatas fritas, que he sacado de la máquina expendedora.
Me ha llamado Luisa con un cabreo de mil diablos, porque habíamos quedado a las cinco para ir a visitar a su amiga Rosi al hospital, que dio a luz ayer; pero entre la movida del trabajo y la banda sonora, que llevo en el tarro, la verdad es que se me ha ido el santo al cielo.
Ya sé cómo se llama la puñetera canción — se la he tarareado a Perurena, que es un fanático de lo clásico —, es Valse Triste, de Sibelius, un finlandés famoso, que se murió hace ya tiempo.
 
Miércoles 14 de abril de 2021 – ¡La madre que parió a Sibelius!
 
Estoy al borde de la esquizofrenia y entrando en barrena depresiva con el puto vals triste: “tiiiii, tarí tari tarí, tarararí tii tii tiiiiiii”. ¿No me podía haber obsesionado con algo más “cool”?
El jefe me ha echado la bulla porque no estoy en lo que celebro y llevo lo de la jodida licorera como el culo. Me ha dicho que le vaya pasando el proyecto a Perurena, que está más centrado que yo.
Mientras tanto ahí sigue, dentro de mi cerebro, machacándome sin piedad: “tiiiii, tarí tari tarí, tarararí tii tii tiiiiiii” el cabronazo de Sibelius.
Luisa no me coge el móvil. Llevo barba de dos días y no recuerdo si me he duchado hoy.
Me llama Alfredo para ir a echar un pádel. Hemos tenido unas palabras un poco gruesas. Creo que, mientras ha durado, ha sido una bonita amistad.
 
Jueves 15 de abril de 2021 – Tengo que enterarme de como funciona lo de la ley de la eutanasia.
 
Perurena me ha mandado a buscar cafés para el grupo, porque se van a quedar todo el día hasta terminar lo de la licorera. El jefe me ha puesto a hacer fotocopias.
Por la tarde he quedado con Luisa para darle una explicación: “Luisa, no eres tu, que soy yo, bueno, tampoco; es Sibelius…”, no me ha dejado terminar: “Déjalo Juanjo, no sigas, que aún lo vas a estropear más — ha dicho con una cara de mala leche que asustaba —. ¿Sabes lo que te digo? Que te vayas a tomar por el saco, jodido impresentable, que no te necesito para puñetera la cosa. Tíos mejores que tú los tengo yo así — y ha juntado las puntas de los dedos de ambas manos, dando a entender que los tiene a mogollón —. ¡Que te zurzan, capullo!
“Tiiiii, tarí tari tarí, tarararí tii tii tiiiiiii”. ¡Sibelius, por tus muertos, para!
 
Viernes 16 de abril de 2021 – A quien pueda interesar.
 
Ya no aguanto más, solo me falta decidir de qué forma lo hago.
Con pastillas no, porque me sientan mal al estómago y no es plan. Una cuerda al cuello es demasiado cutre, muy rústico. Me voy a coger un pedo de orujo, que, dicen, también es mortal, y si no es suficiente con uno, los encadenaré hasta pillar una cirrosis.
“Tiiiii, tarí tari tarí, tarararí tii tii tiiiiiii”. Sibelius, joputa, voy a por tí. En cuanto te me eche a la cara te voy meter yo a ti el Valse Triste, por su sitio. Por mis muertos te lo juro.
Quien sea que lea esto, que le diga a Luisa, que no ha sido ella, que he sido yo, bueno, Sibelius… ¡que le den, también a Luisa, coño, ya!, seguro que a éstas horas se está tirando al de pilates.
 
¡Perurena lame culos!
 
 
CC-BY-NC-ND

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