Con la mosca detrás de la oreja

Quítamelo, mi bien, de la cabeza,

no me importa implorar, como un mendigo,

pues no quiero sufrir este castigo,

mira, mujer, que te hablo con franqueza.

 

Ya, por la calle, hay quien me llama alteza

 y la corona, amor, no va conmigo.

Di, corazón, que solo es un amigo;

anda, ten compasión de mi flaqueza.

 

Líbrame, Mari Puri, de este trago,

no me digas que son tiempos modernos;

que por esas milongas yo no pago.

 

Son muchos ya, cariño, mis inviernos,

sufro arritmias, reflujos y lumbago,

ya solo falta que me salgan cuernos.



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