En la Aldehuela, las elecciones municipales fueron ganadas por el PDHCP, Partido Demócrata Hasta Cierto Punto, que sacó cuatro concejales: Emeterio Aladrén,  dueño de la deshidratadora de alfalfa; Esteban Ciruelo, farmacéutico; Ignacio Larrosa, panadero y Avelino Castañeda, propietario de «Supermercado Avelino».

Con tres concejales le siguió el PSR, Partido Socialista Rural: Hilario Briones, mecánico en el taller familiar de maquinaria agrícola; Eleuterio Castrillo, agricultor y Marisa Lahuerta, enfermera en el centro de salud.

Un concejal, Rodoldo Solís, el médico residente, fue para el APLI, Adelanta Por La Izquierda.

Y el último para el LMC, Lo Mío Cuando, independientes, representados por Orencio Castuera, empleado de la Caja Rural, que apoyó a Emeterio Aladrén en su investidura como alcalde.

Pero a los tres meses de celebradas las elecciones, a Ciruelo, el farmacéutico, se le ocurrió salir del armario y traerse al novio a vivir al pueblo, cosa que sentó fatal en el PDHCP y provocó su cese fulminante como portavoz del grupo.

El boticario, con un cabreo de la leche, se dio de baja del partido pasando al grupo mixto, lo que aprovechó el PSR, para presentar una moción de censura, que tenía a Hilario como candidato a la alcaldía. La cosa prosperó con los votos propios, el del APLI, el de Ciruelo, del recién creado grupo mixto, y el de Orencio, del LMC, que oliéndose la tostada, cambió de chaqueta.

Esa es la composición del consistorio, reunido en pleno extraordinario, para analizar: «Los hechos singulares, que se han observado en el municipio y las consecuentes medidas a adoptar, en orden a su esclarecimiento o, cuando menos, al acomodo y protección física de doña Sagrario Navascués, viuda de Solaesa, que lleva cuarenta y ocho horas orbitando la plaza de la iglesia».

–Se abre la sesión del pleno extraordinario, convocado por esta alcaldía –este es Hilario, en su condición de presidente de la corporación municipal–, para tratar los asuntos recogidos en el orden del día. Tiene la palabra la portavoz del Partido Socialista Rural. Tira, Marisa, empieza.

La enfermera ha acudido al pleno con el uniforme de trabajo, porque luego tiene que quitarle la escayola al chico del «Goteras», el fontanero, y hacerle la cura a doña Remedios, octogenaria y diabética, a la que no termina de cerrársele la úlcera de la pierna.

–A ello voy, Hilario. En la mañana del pasado día 15, del mes en curso, día de la fiesta mayor en nuestro municipio, parece que se produjo en la plaza un incidente de especial gravedad –comienza Marisa su exposición de los hechos–. Digo que parece, porque yo no estaba presente; todos sabéis que no soy de ir a misa y la patochada de tirar a un tío desde una avioneta no me llama la atención. Otra cosa habría sido si se hubiera hecho una macro paella, que es lo suyo en estos casos.

Todos los asistentes al pleno, incluidos los del PDHCP, cabecearon en señal de aprobación.

–En suma –continuó la enfermera–, que de las manifestaciones recogidas entre los asistentes al evento, se deduce que al sujeto le falló el paracaídas, pero no se desarmó contra el suelo, porque algo detuvo el golpe; a pesar de lo cual, el susodicho murió de un infarto. 

–Con posterioridad a este luctuoso incidente, el pasado martes, y durante la actuación, en el atrio de la iglesia, del grupo coral de las damas de San Cucufato –continuó la concejala–, la vecina del pueblo, doña Sagrario Navascués, soprano solista del conjunto, inició un ascenso involuntario, levitó, podría decirse, hasta alcanzar una altura aproximada de cinco metros por encima del nivel del suelo, superando ligeramente la alzada del arbolado, sin que hasta la fecha se la haya podido bajar al suelo, pese a la intervención de los bomberos comarcales, ya que no hay fuerza, humana o mecánica, que pueda hacerlo, sin poner en peligro su integridad física; la de Sagrario, digo. 

–Estos son los hechos recogidos hasta ahora y este grupo municipal propone un debate, que consensúe el posicionamiento del pleno, como entidad corporativa, y la instalación de aire acondicionado, por cuenta del consistorio, en la carpa que instalaron los bomberos, para proteger a la Sagrario de las inclemencias meteorológicas.

Desde todos los grupos, se levantaron manos solicitando el uso de la palabra. 

–Turno para el grupo del PDHCP –designó el alcalde–, su portavoz puede exponer sus consideraciones.

El dueño de la deshidratadora de alfalfa se caló las gafas de cerca y comenzó el discurso.

–Mira Hilario…

–«Mire su señoría» –corrigió Hilario riguroso.

–¡Coño! ¿Y a la Marisa por qué le has dispensado el protocolo? –saltó visiblemente molesto Emeterio.

–Porque me ha salido de la entrepierna –fue la respuesta del presidente–, prosiga su señoría.

–¡La vamos a tener, Hilario, por mis muertos, que la vamos a tener un día! –se encampanó el deshidratador. 

–¡Venga, coño, dejarse de estupideces! –reclamó Rodolfo, el del APLI–, que Marisa y yo tenemos curro en el centro de salud. Si queréis romperos los cuernos, hacedlo fuera del horario municipal. ¡Hostia, ya!

Los ánimos se calmaron y el portavoz de la derecha volvió con el tema.

–Marisa ha hecho una exposición muy cercana a lo ocurrido estos días –se volvió a ajustar las gafas de leer, para hacerlo del papel que llevaba en las manos–, así que este grupo municipal, propone abrir una comisión investigadora, en la que se escuchen los informes de la benemérita, el parecer de la iglesia, por la condición milagrosa que parecen tener los hechos, y a cuantos estamentos, administrativos, científicos o especializados en fenómenos paranormales, pueda convocar esta alcaldía.

Dicho lo cual, se quitó las gafas, guardó el papel en el bolsillo de la camisa y agradeció, con gesto grave, las muestras de apoyo, que le dedicaron sus compañeros de partido.

–Tiene la palabra el APLI –cedió turno el alcalde.

–Lo del aire acondicionado, que sugiere el PSR, parece correcto y apoyamos su propuesta –dijo el médico–. En cuanto a lo de la comisión, qué quieres que te diga, Emeterio, son ganas de marear la perdiz. ¿Qué coño pintan el cura, la guardia civil o las brujas del cerro en todo este lío? Tienen la misma puñetera idea que nosotros, o sea, ninguna. Hay que ir a lo práctico. He dicho.

Los del PDHCP, se removieron, incómodos, en sus asientos; incluso Evaristo, el del supermercado, hizo mención de dedicar una peineta al discurso del médico, pero Emeterio, en su condición de líder, lo impidió.

–A ver, los independientes, que se manifiesten –señaló el alcalde a Castuera, representante del LMC.

–Con la venia –comenzó, ceremonioso, el de la caja rural–. Yo a lo del aire acondicionado me adhiero sin reservas; es inhumano que la pobre Sagrario tenga que soportar estas temperaturas tan extremas. Propongo, además, que se conceda la ejecución del proyecto a mi cuñado Silvino, que se dedica a las reformas integrales de pisos, oficinas y todo tipo de instalaciones, y tiene unas ofertas muy apañadas en climatización.

–Además, si el ayuntamiento necesitara ayuda económica –continuó Castuera–, en la caja rural tenemos una línea de crédito al consumo, al 4,95% TIN, 5,06% TAE, que sale muy bien. 

–Y ya puestos, podríamos cobrar entrada a la carpa a quien quisiera observar el fenómeno de cerca, que nunca vienen mal unas perrillas a la hucha común.

–En cuanto a lo de la comisión, que sugiere el PDHCP, no sé, estoy algo indeciso. ¿Habrá dietas? –concluyó Orencio.

La intervención del representante del LMC, fue seguida de un coro de toses forzadas, carraspeos traviesos y guiños de complicidad entre sus señorías.

–Venga –acalló Hilario la bulla–, que remate el grupo mixto. Tiene la palabra el señor Ciruelo.

–Yo me opongo, frontalmente, a todo lo que proponga el PDHCP.

–Que rencorosa eres, hija –se mofó Avelino, el del súper, afeminando la voz.

–¡Homófobo, patán, garrulo! –aulló el boticario saltando de su asiento.

–¡Maricón! –estalló el panadero.

El médico tuvo que sujetar al del grupo mixto, que se iba de cabeza a por los del PDHCP. 

Emeterio amonestaba a los suyos, sin dejar por ello de afear la conducta del farmacéutico.

–Si es que vas provocando, Esteban, ¡coño!

–«Su amor no daña, tu odio sí» –coreaban los del PSR haciendo causa común con Ciruelo. 

–¡Silencio, orden en la sala y respeto a la diversidad! –clamaba el alcalde, tratando de recuperar el pulso normal del pleno.

–¿Pero habrá dietas? –Castuera, en medio del desbarajuste, hacía por fijar posiciones en lo de la comisión investigadora.

Ruido de sillas que caen, cruce de insultos subidos de tono, amenazas, puñetazos sobre la mesa, recordatorios, poco amables, de las respectivas parentelas. 

«¡Arriba pobres de la tierra/en pie los esclavos sin pan…!», desde las filas del PSR alguien se arrancó con La Internacional.

–¡Callarse todos de una puñetera vez, leñe –el vozarrón del médico se impuso por encima de la descontrolada algarabía–, que esto parece un corral de gallinas peleonas, joder! A los cromañones, Emeterio, o les pones bozal, o los encierras en la caverna. Y a ver si acabamos, que se nos va la mañana en canciones y todos tenemos faena, ¡carajo, ya!

Las sillas volvieron a la verticalidad. Con caras de pocas bromas, pero en orden y disciplina, la concejalía se acomodó en sus respectivos asientos. Hilario, el alcalde, retomó el papel de presidente del pleno.

–A ver, procedamos a votar las diferentes propuestas, realizadas por los grupos municipales.

–Votos a favor de instalar aire acondicionado en la carpa de Sagrario.

Todos los presentes alzaron la mano en señal de aprobación.

–Queda aprobada la propuesta por aclamación –sancionó el alcalde.

Murmullos y gestos de consenso generalizados.

–Votos a favor de encomendar al cuñado de Orencio la ejecución del proyecto, pero previa presentación de presupuesto, que nos conocemos –matizó Hilario.

Nuevamente, hubo unanimidad en la aprobación de la propuesta.

–En cuanto a la oferta de financiación, que nos haces, Orencio –se dirigió el regidor al representante del LMC–, se agradece, pero el consistorio puede hacer frente al gasto con fondos propios. Seguimos.

–Votos a favor de cobrar entrada para ver a la Sagrario.

Solamente se alzó la mano de Castuera, el proponente.

–¿En contra? –preguntó Hilario y ocho manos se alzaron al unísono–. Queda denegada la propuesta por unanimidad. ¡Anda que no sois peseteros los de la caja rural!

–Y terminamos con la propuesta del PDHCP –prosiguió el alcalde–, de crear una comisión investigadora, que no tendría asignadas dietas, Castuera, que te quede claro. Votos a favor.

Las manos de Emeterio, Ignacio, el panadero, y Avelino, saltaron hacia arriba, como impulsadas por un resorte. Todos los demás votaron en contra.

–Queda rechazada la propuesta por mayoría, y si no hay más asuntos que tratar, se levanta el pleno –proclamó el presidente–, cada mochuelo a su olivo.

La corporación municipal fue saliendo del consistorio.

El médico llevaba a Ciruelo cogido por el brazo, para evitar que se enganchara a bofetadas con Avelino, que acompañado por el panadero, que le reía las gracias, seguía provocando, con gestos y melindres, al boticario.

Marisa aceleró el paso, porque en el centro de salud ya estaba la pierna escayolada del chico del Goteras, con el muchacho encima, esperando a ser liberada del yeso.

Emeterio salió zumbando en la furgoneta, camino de San Martín, porque se le había roto la empacadora y tenía que comprar repuestos.

Castuera, dándole la noticia a su cuñado, vía móvil, de la concesión del proyecto climatizador de la carpa, se metió en la oficina de la caja rural, que estaba frente por frente del ayuntamiento.

Por su parte, Hilario y Castrillo, el agricultor integrante del PSR, que se sabía La Internacional, tiraron por la costanilla; uno camino del taller y el otro a coger la mobilete, que tenía faena con los olivos.

El ritual de la cosa pública estaba cumplido. La discrepancia política, garantizaba el buen funcionamiento de las instituciones. La Aldehuela, en definitiva, gozaba de una excelente salud democrática. 

Un sol radiante ponía brillo en la mañana campesina, en el cielo, de un azul inmaculado, los vencejos hacían acrobacias para ganarse el sustento, y por la curva del cerrillo, que vigilaba la cruz del cementerio, no transitaba un alma, a no ser la de algún difunto. Pero esas no se dejan ver ni causan problemas.

CC-BY-NC-ND

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