Un soneto de adiós enamorado

En el último día, he de vivirte,

goloso de tus besos, de tu risa,

de la tierra que tu planta pisa,

y con devota unción quiero servirte.

Mentir que viviré para sentirte,

y morir lentamente, ya no hay prisa,

fundirme en un adiós, suave, en la brisa,

que no te duela, amor, para no herirte.

Y cuando el tiempo pase, porfiado,

borrando de mi sombra hasta el aliento,

a tu vivir yo seguiré enganchado.

Tendré tu corazón como aposento,

pues siervo tuyo soy, enamorado

y te ofrezco mi ser, como alimento.

CC-BY-NC-ND

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